jueves, 3 de octubre de 2013

Torpeza occidental




Dicen que el sabio es aquel capaz de reírse de uno mismo. En este post intentaré acercarme un poco más a la sabiduría contando un par de situaciones en las que hice gala de una torpeza occidental demasiado acusada. Algunos le llamaran “Cultural shock”, pamplinas. Estupidez pura y dura por mi parte. 

A esta primera historia la llamaremos  “Camino a la deportación”

Sucedió hace un par de meses, a mediados de Julio más o menos. Un sábado cualquiera me levanté con marcas extrañas por todo el cuerpo, alergia, picaduras, que se yo.  Como era el tercer día que me pasaba y por miedo a estar sufriendo de una enfermedad incurable decidí ir al hospital. Y que hospital!! Yo entré allí esperando encontrarme un panorama digno de un sábado noche en el Clínico, lleno de lesionados etílicos, clanes gitanos al completo porque al “pápa” le van a quitar una verruga y demás fauna de cualquier hospital de la Seguridad Social española. Nada más lejos de la realidad. Limpio como la patena, de comer sopa en el suelo. Silencioso, lujoso. Vamos, más que un hospital parecía la recepción del Ritz. Pregunto a una enfermera/modelo que si sería tan amable de indicarme el área de dermatología. Tras llegar a la susodicha zona, me piden que rellene un formulario y que espere en la sala de espera. Ese fue el momento. “Espere en la sala de espera, por favor”. Total que yo me acerco a la silla mas cercana y me siento tan campante al lado de una señora, a la que saludo educadamente y que me observa como si fuese un alien, y yo pensando “Joder, ¿Qué le pasa a esta señora, no ha visto a un atractivo europeo en su vida o qué? Y ahí empezó todo, de repente se acerca un qatarí, con su khandura(traje tradicional árabe) blanca nuclear y me empieza a hablar en árabe con un tono de voz algo elevado para mi gusto, a lo que le contesto en un tono ingles neutro, que no hablo árabe que si me puede hablar en inglés. Como hablarle a una silla, ahí sigue el tipo plantado delante de mí departiendo en esa lengua infernal que hablan por estos lares en un tono cada vez mas elevado. Y yo “Pero señor no se da cuenta que soy europeo y no entiendo ni papa de lo que me dice” Pues nada el tio ya empieza a vocearme a la cara, probablemente diciendo que  sus ancestros tenían una parcelita muy bonita en el Califato de Córdoba que mi familia, perra e infiel como ninguna, había arrasado destrozándole los tomates.  Y como yo soy de Madrid, y para chulo chulo mi pirulo, me levanté, sin pararme a pensar y empecé a maldecirle en la hermosa  lengua de Cervantes, apropiada para peleas verbales como ninguna otra en este mundo. ¿Qué le dije? No me acuerdo, probablemente lo mas ofensivo  para un musulman que viniese a mi cabeza en plan “Ala desayuna beicon por las mañanas” “Beduino viola camellos” y cosas de esas. Y asi estábamos, dialogando a gritos cada uno en su idioma como personas civilizadas cuando lo entendí todo. Sillas rosas, mujer mirándome raro, ni un hombre…Estaba esperando en la sala de mujeres!! Y eso en Qatar, mal rollito amigos. Así que me toco tragarme mi orgullo, agachar la cabeza murmurar un perdón apenas audible y dirigirme cabizbajo a la sala de espera. A todo esto mi temibles marcas no eran mas que el rastro del banquete que se estaban pegando a mi costa las chinches de mi casa.

Si esta primera historia me pudo costa la deportación esta que viene ahora igual me hubiera costado ir al infierno árabe  la llamaremos….no sé, no se me ocurre nada apropiado.

 Ocurrió la semana pasada en un centro comercial de esos que tanto gustan por estas tierras, cuando escuché la llamada de la naturaleza y me dirigí al baño estratégicamente ubicado junto a la mezquita del centro comercial. Entré y rápidamente enfilé hacia los urinarios, que eran un poco raros, de estos en plan abrevadero, para dar cabida a varias personas a la vez y con grifos un poco bajos. Pero bueno que aquí hacen aguas mayores en un agujero en el suelo así que no le di mayor importancia ya que mi necesidad era bastante acuciante. Y en esto que estaba en pleno proceso de iniciar la micción cuando escuché un chillido ensordecedor. ¿Os acordáis de Jurasic Park, cuando el T-Rex empieza a aullar como un condenado? Un susurro romántico comparado con el alarido que me dedicó el negro que me miraba con los ojos desorbitados. ¿Y ahora qué? Pensé yo. ¿De que manera he ofendido, yo infiel, a estas devotas almas musulmanas? Ni que estuviera orinando donde hacen las abluciones antes de dirigirse a la oración.... Efectivamente amigos, eso es precisamente lo que estaba a punto de hacer. Así que de nuevo cabizbajo y contrito me subí la cremallera de los pantalones,  aprecié la belleza de las baldosas del suelo, mascullé un lo siento por lo bajinis y salí de allí como alma que lleva el diablo, que estos no se andan con tonterías.

La moraleja de esta historia esta clara. Yo solo quiero aprovechar si algún musulman lee esto, que sepá que fue todo sin querer, y que no volverá a pasar nada parecido…Insha’Allah

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