Dicen
que el sabio es aquel capaz de reírse de uno mismo. En este post intentaré
acercarme un poco más a la sabiduría contando un par de situaciones en las que hice
gala de una torpeza occidental demasiado acusada. Algunos le llamaran “Cultural
shock”, pamplinas. Estupidez pura y dura por mi parte.
A esta primera
historia la llamaremos “Camino a la
deportación”
Sucedió
hace un par de meses, a mediados de Julio más o menos. Un sábado cualquiera me
levanté con marcas extrañas por todo el cuerpo, alergia, picaduras, que se
yo. Como era el tercer día que me pasaba
y por miedo a estar sufriendo de una enfermedad incurable decidí ir al hospital.
Y que hospital!! Yo entré allí esperando encontrarme un panorama digno de un sábado
noche en el Clínico, lleno de lesionados etílicos, clanes gitanos al completo
porque al “pápa” le van a quitar una verruga y demás fauna de cualquier hospital
de la Seguridad Social española. Nada más lejos de la realidad. Limpio como la
patena, de comer sopa en el suelo. Silencioso, lujoso. Vamos, más que un
hospital parecía la recepción del Ritz. Pregunto a una enfermera/modelo que si
sería tan amable de indicarme el área de dermatología. Tras llegar a la susodicha
zona, me piden que rellene un formulario y que espere en la sala de espera. Ese
fue el momento. “Espere en la sala de espera, por favor”. Total que yo me
acerco a la silla mas cercana y me siento tan campante al lado de una señora, a
la que saludo educadamente y que me observa como si fuese un alien, y yo
pensando “Joder, ¿Qué le pasa a esta señora, no ha visto a un atractivo europeo
en su vida o qué? Y ahí empezó todo, de repente se acerca un qatarí, con su khandura(traje
tradicional árabe) blanca nuclear y me empieza a hablar en árabe con un tono de
voz algo elevado para mi gusto, a lo que le contesto en un tono ingles neutro,
que no hablo árabe que si me puede hablar en inglés. Como hablarle a una silla,
ahí sigue el tipo plantado delante de mí departiendo en esa lengua infernal que
hablan por estos lares en un tono cada vez mas elevado. Y yo “Pero señor no se
da cuenta que soy europeo y no entiendo ni papa de lo que me dice” Pues nada el
tio ya empieza a vocearme a la cara, probablemente diciendo que sus ancestros tenían una parcelita muy bonita
en el Califato de Córdoba que mi familia, perra e infiel como ninguna, había arrasado
destrozándole los tomates. Y como yo soy
de Madrid, y para chulo chulo mi pirulo, me levanté, sin pararme a pensar y
empecé a maldecirle en la hermosa lengua
de Cervantes, apropiada para peleas verbales como ninguna otra en este mundo.
¿Qué le dije? No me acuerdo, probablemente lo mas ofensivo para un musulman que viniese a mi cabeza en
plan “Ala desayuna beicon por las mañanas” “Beduino viola camellos” y cosas de
esas. Y asi estábamos, dialogando a gritos cada uno en su idioma como personas
civilizadas cuando lo entendí todo. Sillas rosas, mujer mirándome raro, ni un
hombre…Estaba esperando en la sala de mujeres!! Y eso en Qatar, mal rollito
amigos. Así que me toco tragarme mi orgullo, agachar la cabeza murmurar un perdón
apenas audible y dirigirme cabizbajo a la sala de espera. A todo esto mi
temibles marcas no eran mas que el rastro del banquete que se estaban pegando a
mi costa las chinches de mi casa.
Si esta
primera historia me pudo costa la deportación esta que viene ahora igual me
hubiera costado ir al infierno árabe la
llamaremos….no sé, no se me ocurre nada apropiado.
Ocurrió la semana pasada en un centro
comercial de esos que tanto gustan por estas tierras, cuando escuché la llamada
de la naturaleza y me dirigí al baño estratégicamente ubicado junto a la
mezquita del centro comercial. Entré y rápidamente enfilé hacia los urinarios,
que eran un poco raros, de estos en plan abrevadero, para dar cabida a varias
personas a la vez y con grifos un poco bajos. Pero bueno que aquí hacen aguas
mayores en un agujero en el suelo así que no le di mayor importancia ya que mi
necesidad era bastante acuciante. Y en esto que estaba en pleno proceso de
iniciar la micción cuando escuché un chillido ensordecedor. ¿Os acordáis de
Jurasic Park, cuando el T-Rex empieza a aullar como un condenado? Un susurro
romántico comparado con el alarido que me dedicó el negro que me miraba con los
ojos desorbitados. ¿Y ahora qué? Pensé yo. ¿De que manera he ofendido, yo
infiel, a estas devotas almas musulmanas? Ni que estuviera orinando donde hacen
las abluciones antes de dirigirse a la oración.... Efectivamente amigos, eso es
precisamente lo que estaba a punto de hacer. Así que de nuevo cabizbajo y
contrito me subí la cremallera de los pantalones, aprecié la belleza de las baldosas del suelo,
mascullé un lo siento por lo bajinis y salí de allí como alma que lleva el
diablo, que estos no se andan con tonterías.
La
moraleja de esta historia esta clara. Yo solo quiero aprovechar si algún
musulman lee esto, que sepá que fue todo sin querer, y que no volverá a pasar
nada parecido…Insha’Allah
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