Hoy
empezaremos hablando de la novela “El extraño caso del doctor Jekyll y el Mr.
Hide”. Os preguntaréis que tendrá que ver la novela de Stevenson (Autor de la
“Isla del Tesoro” entre otros) con mi estancia en Qatar. No os preocupéis, en
breve lo entenderéis.
Quien
más y quien menos ha oído hablar de la mencionada historia en la cual, y para
resumir, el Dr. Jekyll inventa un brebaje que le permite experimentar una
transformación que le hace más fuerte, más rápido y con más reflejos. Pero
sobre todo, le vuelve mucho más agresivo. Y aquí es donde entramos en materia.
Aunque la historia es ficticia yo creo que tiene una base real y que el tal Mr.
Hide se fugó de Londres para refugiarse en Qatar donde empezó a procrear de manera
que a día de hoy todos los qataríes tienen algo de sangre suya. La diferencia
es que los qataríes no necesitan poción ninguna, les basta con subirse a sus
coches.
Si tú
ves a un qatarí por la calle le reconocerás por su vestimenta blanca, su andar
calmo y sus maneras pausadas. Ese mismo qatarí al que parece que le corre
horchata por las venas se transformará, de manera similar a Mr. Hide, en una
bestia agresiva, salvaje y despiadada en el momento que arranque su SUV, pick up o vehículo de dimensiones
gigantescas.
Como ya
he dicho alguna vez, aquí no hay reglas que valgan, el grande se come al pequeño y el rápido al
lento. Si vas por el carril izquierdo (incluso por ciudad) te empezaran a dar
las largas desde 2km antes hasta pegarse a tu culo tan cerca que les puedes
contar los pelos del bigote por el
espejo retrovisor. Yo he hecho un par de experimentos para comprobar su rutina
de comportamiento. Un día un monstruoso Chevrolet Tahoe se acercó flasheandome
con las largas como si le fuera la vida en ello a lo cual yo me aparté rápidamente
a la derecha. Obviamente el qatarí siguió cegando a todo el mundo para que le
dejasen pasar, como si llevase a una embarazada parturienta a bordo. La verdad
es que a mí me salió la vena madrileña de “para chulo, chulo, mi pirulo” y me
puse detrás suya y le empecé a dar las largas a ver como reaccionaba. Su
reacción no me decepcionó ni un poquito, pegó un frenazo de 100 a 20km/h con la
única intención de que me estampase contra él, cosa que afortunadamente no sucedió.
El
segundo experimento lo realicé durante un atasco. Otro amable qatarí me empezó
a dar las largas para que me quitase de su camino y yo pensando, “A ver, alma
de cántaro, no ves que hay 1000 coches en esta fila, no te van a dejar pasar
todos” así que no me quité. Bueno, el colega se lo tomó como si hubiese
asesinado a su mujer, sus hijos, sus nietos, y sus perros. No paró hasta que
pudo adelantarme, por la derecha por supuesto, se colocó delante de mí y
frenazo de 100 a 20 km/h que te crio.
Tras
estas dos pruebas he reconocido un patrón de comportamiento y de acción reacción
en la conducción qatarí muy obvio. Hagas lo que hagas su respuestas siempre va
a ser la misma, frenazo al canto a ver si te estrellas contra ellos. Todo muy
civilizado, oiga. A los conductores de coches pequeños como mi Kia Cerato no
nos queda más que intentar sobrevivir en esta jungla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario