sábado, 12 de octubre de 2013

Escalando en Doha. Toma 20

Dos meses y veintiocho días. Ese es tiempo que he tenido que esperar para poder escribir esta entrada, la que más ganas tenía de escribir desde que aquella primera quincena de Julio fui a Zekreet a escalar por primera vez (aquí os dejo el enlace para los vagos que no quieran buscar: Escalando en Doha)

Ayer a las  16h aproximadamente sucedió el milagro. Por primera vez conseguí llegar hasta el final de la ruta que me llevaba torturando 3 meses, cuya imagen me perseguía en mis sueños. ¿Qué, que marcó la diferencia? Es ese “click”, ese pequeño cambio un poco inconsciente en el que todas las piezas se juntan de repente y todo empieza a funcionar. Seamos honestos, esta pobre descripción no le hace justicia, pero cualquiera que haya experimentado este “click” sabe de lo que hablo. En mi caso, tengo la fortuna de ser la segunda vez que vivo este momento. La primera fue hace unos 13 años aproximadamente. En aquellos días mi profesor de esquí intentaba enseñarme la técnica correcta para conducir los esquís y dejar de derrapar. Probablemente mi impaciencia adolescente era lo que me impedía  seguir las instrucciones correctamente hasta que un día, así sin más, lo conseguí. Una ligera presión aquí, un cambio del peso y “¡voila!” deje de luchar contra las montañas para deslizarme y bailar con ellas. Ese día esquié por primera vez. Ayer escalé por primera vez.

 Ayer disfruté cada presa, cada paso que me llevaba un poco más lejos, cada pérdida de equilibrio de la que me recuperé para continuar avanzando, cada grito de aliento que recibía de mis compañeros, cada pulgada que diría Al Pacino.



No sería técnico, no sería bonito de ver, pero fue un triunfo y una superación personal. Anoche me dormí sonriendo, me dormí feliz.

P.S.  Aprovecho para agradecer a esas tres voces, con acento charro, guatemalteco y argentino, cuyos ecos y cuya paciencia siempre acompañaran  estos recuerdos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario