Resulta
sorprendente la cercanía que adquieren las cosas cuando se sale de la burbuja
de Europa. Los hechos que en España no suponen más que 2 minutos en el
telediario, llegan a adquirir tintes dramáticos dependiendo de dónde te
encuentres. Me estoy refiriendo al reciente golpe de estado en Egipto a manos
del estamento militar del país. Algo que al igual que la primavera Árabe yo
viví desde la distancia, tiene una relevancia mucho más notable aquí, en Doha.
Uno de
los proyectos en los que trabajamos aquí es la construcción de dos torres en
Cairo. Como es lógico hay personal destinado allí. Uno de los ingenieros más
queridos de la empresa forma parte de dicho personal, Fahreim. Solo he hablado
una vez con él por teléfono y es el típico tio que te cabe bien sin que le
conozcas personalmente. El caso es que con toda la revuelta, toda la oficina
estaba muy preocupada por su seguridad, por mucho que el le quitara hierro al
asunto y bromeara sobre ello por teléfono. El miércoles se tomó la decisión de
que volviese. Frances le llamó y le dijo “Vuelves mañana Fahreim” De repente me
vino a la cabeza la novela de Ken Follet “Las alas del águila” en la cual dos
empresarios estadounidenses son retenidos en Irán durante los primeros años de
la Revolución Islámica. Gracias a Dios, no ha hecho falta un equipo de
mercenarios para sacarle de allí. Pero te hace reflexionar sobre lo cómodos que
vivimos en Europa y lo poco que lo valoramos.
Por
suerte y para vuestra tranquilidad y la
mía, aquí no parece que vaya a suceder nada parecido en un futuro cercano.
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