martes, 22 de octubre de 2013

Jekyll y Mr. Hide



Hoy empezaremos hablando de la novela “El extraño caso del doctor Jekyll y el Mr. Hide”. Os preguntaréis que tendrá que ver la novela de Stevenson (Autor de la “Isla del Tesoro” entre otros) con mi estancia en Qatar. No os preocupéis, en breve lo entenderéis.

Quien más y quien menos ha oído hablar de la mencionada historia en la cual, y para resumir, el Dr. Jekyll inventa un brebaje que le permite experimentar una transformación que le hace más fuerte, más rápido y con más reflejos. Pero sobre todo, le vuelve mucho más agresivo. Y aquí es donde entramos en materia. Aunque la historia es ficticia yo creo que tiene una base real y que el tal Mr. Hide se fugó de Londres para refugiarse en Qatar donde empezó a procrear de manera que a día de hoy todos los qataríes tienen algo de sangre suya. La diferencia es que los qataríes no necesitan poción ninguna, les basta con subirse a sus coches.

Si tú ves a un qatarí por la calle le reconocerás por su vestimenta blanca, su andar calmo y sus maneras pausadas. Ese mismo qatarí al que parece que le corre horchata por las venas se transformará, de manera similar a Mr. Hide, en una bestia agresiva, salvaje y despiadada en el momento que arranque su  SUV, pick up o vehículo de dimensiones gigantescas. 

Como ya he dicho alguna vez, aquí no hay reglas que valgan,  el grande se come al pequeño y el rápido al lento. Si vas por el carril izquierdo (incluso por ciudad) te empezaran a dar las largas desde 2km antes hasta pegarse a tu culo tan cerca que les puedes contar los pelos del bigote  por el espejo retrovisor. Yo he hecho un par de experimentos para comprobar su rutina de comportamiento. Un día un monstruoso Chevrolet Tahoe se acercó flasheandome con las largas como si le fuera la vida en ello a lo cual yo me aparté rápidamente a la derecha. Obviamente el qatarí siguió cegando a todo el mundo para que le dejasen pasar, como si llevase a una embarazada parturienta a bordo. La verdad es que a mí me salió la vena madrileña de “para chulo, chulo, mi pirulo” y me puse detrás suya y le empecé a dar las largas a ver como reaccionaba. Su reacción no me decepcionó ni un poquito, pegó un frenazo de 100 a 20km/h con la única intención de que me estampase contra él, cosa que afortunadamente no sucedió.

El segundo experimento lo realicé durante un atasco. Otro amable qatarí me empezó a dar las largas para que me quitase de su camino y yo pensando, “A ver, alma de cántaro, no ves que hay 1000 coches en esta fila, no te van a dejar pasar todos” así que no me quité. Bueno, el colega se lo tomó como si hubiese asesinado a su mujer, sus hijos, sus nietos, y sus perros. No paró hasta que pudo adelantarme, por la derecha por supuesto, se colocó delante de mí y frenazo de 100 a 20 km/h que te crio. 

Tras estas dos pruebas he reconocido un patrón de comportamiento y de acción reacción en la conducción qatarí muy obvio. Hagas lo que hagas su respuestas siempre va a ser la misma, frenazo al canto a ver si te estrellas contra ellos. Todo muy civilizado, oiga. A los conductores de coches pequeños como mi Kia Cerato no nos queda más que intentar sobrevivir en esta jungla.

sábado, 12 de octubre de 2013

Escalando en Doha. Toma 20

Dos meses y veintiocho días. Ese es tiempo que he tenido que esperar para poder escribir esta entrada, la que más ganas tenía de escribir desde que aquella primera quincena de Julio fui a Zekreet a escalar por primera vez (aquí os dejo el enlace para los vagos que no quieran buscar: Escalando en Doha)

Ayer a las  16h aproximadamente sucedió el milagro. Por primera vez conseguí llegar hasta el final de la ruta que me llevaba torturando 3 meses, cuya imagen me perseguía en mis sueños. ¿Qué, que marcó la diferencia? Es ese “click”, ese pequeño cambio un poco inconsciente en el que todas las piezas se juntan de repente y todo empieza a funcionar. Seamos honestos, esta pobre descripción no le hace justicia, pero cualquiera que haya experimentado este “click” sabe de lo que hablo. En mi caso, tengo la fortuna de ser la segunda vez que vivo este momento. La primera fue hace unos 13 años aproximadamente. En aquellos días mi profesor de esquí intentaba enseñarme la técnica correcta para conducir los esquís y dejar de derrapar. Probablemente mi impaciencia adolescente era lo que me impedía  seguir las instrucciones correctamente hasta que un día, así sin más, lo conseguí. Una ligera presión aquí, un cambio del peso y “¡voila!” deje de luchar contra las montañas para deslizarme y bailar con ellas. Ese día esquié por primera vez. Ayer escalé por primera vez.

 Ayer disfruté cada presa, cada paso que me llevaba un poco más lejos, cada pérdida de equilibrio de la que me recuperé para continuar avanzando, cada grito de aliento que recibía de mis compañeros, cada pulgada que diría Al Pacino.



No sería técnico, no sería bonito de ver, pero fue un triunfo y una superación personal. Anoche me dormí sonriendo, me dormí feliz.

P.S.  Aprovecho para agradecer a esas tres voces, con acento charro, guatemalteco y argentino, cuyos ecos y cuya paciencia siempre acompañaran  estos recuerdos.

jueves, 10 de octubre de 2013

Repostando en Doha



Probablemente donde más se note el choque cultural en un país nuevo sea en las pequeñas cosas, lo cotidiano. El hecho de que algo tan nimio y carente de importancia pueda cambiar tanto de un lugar a otro del globo es posiblemente uno de los componentes del choque cultural más acusados de todos.
Hoy os hablaré de una de las cosas más mundanas que pueda haber en este mundo. Repostar el coche. Ese acto tan cotidiano y carente de emoción que sigue manteniendo un verbo derivado de las antiguas postas de caballos.  Pues esa fue una de las cosas que más me llamó la atención cuando aterricé en Qatar. 

El primer aspecto es el tema de la seguridad. Tu llegas a una gasolinera en España o Europa y paras el motor, te dicen que apagues el móvil (que levante la mano quien cumpla esto) y vamos si te ven fumando lo más probable es que el encargado de la gasolinera llame a los GEO, te detengan en una operación antiterrorista digna de Hollywood y te juzguen por crímenes contra la Humanidad en el Tribunal de la Haya. Igualito que en Doha.

Aquí llegas con tu coche, paras al lado del surtidor, bajas la ventanilla lo justo para que te oigan e invariablemente repites dos palabras como si se tratase de una oración: “Súper, lleno” ¿Pero….oye se te ha olvidado parar el motor? A ver muchacho, ¿Tu éstas loco? Con 50ºC a la sombra ¿crees qué voy a pasar 5 minutos sin aire acondicionado? Pero no os penséis que yo siempre he sido así de bravo. La primera vez apagué el coche como buen europeo, y casi me asfixio como tal. La segunda pensé “Allá donde fueres haz lo que vieres” así que dejé el coche en marcha mientras me encomendaba a la Virgen del Loreto mientras sufría el repostaje más largo de mi vida. La tercera….”Súper, lleno” y me faltó encender un cigarro y empezar a fumármelo al lado del depósito.


Y por supuesto el segundo y principal aspecto es el precio de la gasolina. unos 8€ me cuesta llenar el depósito. El paraiso de cualquier conductor. Claro con estos precios coges el coche para todo. Para trabajar, para ir a comprar el pan...Nos falta usar un coche para ir al sitio donde hemos aparcado el coche. A este paso se me va a olvidar andar. No me quiero imaginar la tragedia de volver a Madrid y que llenar el coche me cueste 70€. Dios, me duele solo de escribirlo. Mientras tanto disfrutaré de la coyuntura, me cruzaré el páis en coche todas las semanas de este a oeste (aproximadamente la distancia de Madrid a Segovia) y seguiré diciendo eso de "Súper, lleno"

 
Por cierto la gasolinera de la noticia es donde lleno yo el coche todas las semanas al lado de “Sports Roundabout”. Tranquila mamá,¿Cuáles son las posibilidades de que explote la misma gasolinera dos veces seguidas? Confiemos en la estadística…

martes, 8 de octubre de 2013

Me han echado del trabajo

Efectivamente, ayer me echaron del curro en plena jornada laboral. Pero tranquilos que no me han despedido. Simplemente todos los trainees y trabajadores que aun no han obtenido su permiso de residencia tuvimos que abandonar la oficina por un par de horas.

Resulta que a las 9 de la mañana en la oficina reciben una llamada del Ministerio de Trabajo, que con lo vagos que son aquí se debería llamar de No-Trabajo, informando de que iban a hacer una inspección sorpresa de documentación de empleados. Dejemoslo, para no entrar en detalles, que yo no podía estar ahí trabajando por temas de visado y demás. El caso es que he ido un momento al baño dejando a mi espalda una oficina tranquila, relajada y eficiente. A los cinco minutos he vuelto y aquello parecía un gallinero donde hubieran soltado un zorro. Laura corriendo con la mochila, el bolso y el portatil, todo el mundo de pie y hablando a la vez, y yo ahí, de pie en mitad de la oficina sin entender nada de nada, hasta que me dice Laura "Tenemos que irnos, viene una inspección sorpresa"

Supongo que a estas alturas os preguntaréis lo mismo que me he preguntado yo todo el día. ¿Sorpresa? ¿Y donde esta la sorpresa si avisan antes? Porque efectivamente, nos han llamando antes de venir! Aquí solo caben tres conclusiones

1- Son idiotas perdidos y el nombre del ministerio debería ser "Ministerio de Hago-Mal-Mi-Trabajo

2- No quieren problemas y por eso avisan antes, para ahorrar detenciones y líos con lo cual el ministerio debería denominarse "Ministerio de No-Quiero-Trabajar"

3- En caso de que alguien de la oficina tuviera comprado al funcionario de turno a base de sobrecitos rellenos de riales a cambio de oportunos soplos como el de hoy, no se me ocurre un nombre mejor para el ministerio que:  "Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Gobierno de España"


Por desgracia la inspección no ha durado mas que lo que se tarda en ver un par de episodios de "Game of Thrones" y nos ha tocado volver a la oficina a seguir dando el callo

Travesía por el desierto

En el capítulo de hoy hablaremos de cómo ir al desierto en 4x4, llegar a tu destino final, volver, jugarte la vida en cada duna y no vomitar hasta la primera papilla en el intento.

Como ya comenté en la entrada anterior, el sábado pasado fuimos al desierto del sur de Qatar al Inland Sea. La verdad es que tenía muchas ganas de ir y no se me había presentado la ocasión hasta ese momento así que me hacía bastante ilusión. Para llegar allí hay que seguir la autopista que lleva al Sealand resort y a partir de allí se acaba la carretera y empieza el desierto. 

Para aclarar términos, en Qatar hay dos tipos de desiertos, llano y rocoso como la superficie marciana o poblado de dunas de arena dignas de “Lawrence de Arabia. El primero ocupa gran parte de la superficie qatarí y para encontrar el segundo tienes que viajar hacia el Sur cerca de la frontera con Arabia Saudí.

Bueno después de una hora de camino llegué al punto de encuentro; los camellos del Sealand resort, 3 camellos que tienen ahí muertos de hambre para sacarle unas perras al turista desprevenido. Allí me recogió el que sería mi conductor, Zenon. Desinflamos las ruedas para no quedarnos atascados en la arena (por supuesto a posteriori nos quedamos atascados y toco empujar) y allá que fuimos. Como definir a mi conductor…Zenon, además de ser un escalador excelente es probablemente uno de los conductores más desequilibrados con los que haya tenido el placer de conducir. La cosa empezó fuerte, al final del camino se erguía una duna de unos 60 m de altura y oye para qué vamos a aproximarnos a ella a una velocidad prudencial cuando podemos hacerlo a una que haría fundiría los radares de la M-30. Mientras yo cuento los segundos que me quedan de vida, Zenon acelera más y más y oh! Sorpresa no nos matamos sino que subimos limpiamente a la duna. No pasa nada, como siga conduciendo así no tardaremos en diñarla. Y allí está, la primera bajada, si subir ya da un poco de canguelo bajar…vamos, yo mientras nos aproximábamos al borde de la duna hubiera firmado sin dudarlo cambiarme por un torero a punto de torear un Miura. Y todo esto con música de gaitas celtas sonando a “todo meter” por los altavoces, música apropiada para el desierto donde las haya

Realmente al caer el coche lo que hace es deslizar sobre la arena hasta llegar al final de la duna¿a qué suena bonito? No, no amigos, estamos hablando de un vehículo de 3000 kg que baja sin que puedas ejercer ningún control sobre él. Pues imaginad esto aproximadamente unas  60 veces y os haréis una idea de lo que viví. Conclusión: Impresionante, quiero volver ya, y quiero conducir yo, aunque mucho me temo que el límite de mi Kia Cerato es llegar a Zekreet que bastante es. 

La verdad es que el paisaje es bastante impresionante, las dunas se extienden hasta donde alcanza la vista, una estampa que no había tenido el placer de disfrutar anteriormente y que va directamente a la lista de cosas que recordaré de Qatar. Pero como una imagen vale más que mil palabras…aquí os dejo unas fotos para que juzguéis por vosotros mismos en la medida de lo posible. 


NOTA: Estas magníficas fotos han sido tomadas y cedidas de forma altruista por M.P. que se comprometió a no emprender futuras medidas legales en forma de reclamación de derechos de autor. Desde aquí expreso mi máximo agradecimiento

 
Llegando al fondo de la duna, no parece tan inclinado, ¿a qué no?
¿Qué deciáis de que no estaba inclinado?

Un servidor en lo alto de la duna.

Porque saltar como las personas normales está muy visto.

Presentando la temporada Otoño-Invierno de bañadores en Qatar.


sábado, 5 de octubre de 2013

La naturaleza vuelve a sorprender, y van...


A lo largo de mi vida he tenido la suerte de presenciar maravillas de la naturaleza excepcionales. Desde el Cañón del Sumidero en Chiapas, México, hasta la Aurora Boreal más allá del Círculo Polar Ártico a -35ºC. Pasando por barreras de coral en Caribe o playas paradisiacas en Sri Lanka. Cuando preparaba la maleta para venir a Doha jamás se pasó por mi cabeza la idea de que la Naturaleza volvería a sorprenderme aquí, en mitad del desierto.

La verdad es que el día prometía desde muy temprano. Ayer por la noche en Zekreet (el lugar donde finde tras finde fallo en mi intento de escalar la pared de roca) decidimos hacer una excursión al Inland Sea de Qatar. Esto significa 4x4 y dunas como en las de las películas, perfectas para la conducción off-road. A mí me tocó en el coche con Zenon, polaco, que como todo el mundo sabe son un peligro al volante. E hizo honor a esta fama haciéndome sentir como en una montaña rusa, que oiga, a mi me gustan mucho, pero no tiene nada que ver con estar dentro de un Nissan y bajar una duna en vertical, porque a mí me dirán lo que quieran pero eso era caída libre de todo terreno. Bueno el caso es que tras una hora de camino, duna arriba, duna abajo y algunos saltos por las dunas (tanto de personas como de coches) llegamos a nuestro destino, Inland Sea, que no es mas que el Mar del Golfo penetrando en tierra firme. Hasta aquí todo normal, las únicas maravillas de la naturaleza que había ahí eran medusas flotando que le pusieron el brazo bonito a algunos de los miembros del grupo y unos bichos minúsculos que picaban como “la madre que los parió”. Allí estábamos, con nuestra barbacoa, tinto de verano versión americana (con Mountain Dew), etc. Vamos, los perfectos domingueros, sabaderos en estas latitudes. Y de repente cayó la noche y lo que solamente era un buen plan de fin de semana se convirtió en una experiencia inolvidable.

 ¿Habéis oído hablar de microorganimos bio-luminiscentes? Porque de esos están llenas las aguas del Inland Sea, lo que hace que cada vez que entras al agua y la agitas estos organismos emiten una luminiscencia única. Imaginaos estar en el agua, mover los brazos lentamente y que estos organismos brillen alrededor de tu brazo definiendo la forma de éste con una luz azulada digna de una película de ficción, en plan Avatar como bien ha apuntado Pepe.
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Este es un enlace que explica el porqué de este fenómeno: http://siobiolum.ucsd.edu/dino_bl.html